16 nov. 2013

My beloved hero


La hostia. Es Arnold Schwarzenegger con la cara de Clint Eastwood. Ambos son empedernidos republicanos, pero solo uno de ellos se atrevería a hablar con una silla vacía. El otro se contenta con hablarle a Danny DeVito.

Los 80 habían sido terreno Schwarzenegger. Él es el héroe de los 80: Conan, Terminator (bueno, aquí era el villano), Predator, Commando, Red Heat. Toda tipografía de película de acción ochentera la había encarnado Arnie en algún momento de la década.

Su importancia en el estudio de género es capital: si los musicales se caracterizan por tener canciones dentro de la propia narrativa, las películas de acción de los 80 se caracterizaban por tener tipos duros que habitaban al margen de la ley (por encima o a un lado) y siempre acaban cumpliendo su trabajo, mediante métodos un tanto dudosos. El fin, justificando los medios. Algo cambió en el 88 cuando en Die Hard se nos presentó un héroe dolorido, quejumbroso, que no rehuía del contacto con la policía sino que lo ansiaba. Entre esta desmitificación parcial del héroe aguerrido, sumado a que el propio Schwarz se metió a hacer comedias (Twins también es del 88), aventuraban el fin de los los ochenta.

Quizá la puntilla se la dio Last Action Hero. Contar con Schwarzenegger era obligatorio, pues una película donde hay tal pastiche de género, él debía ser la cara y el cuerpo. Irónicamente, en la película el gran héroe ochentas es Sylvester Stallone. Todos sabemos que es un secundario al lado de Arnie

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